
Me encanta esta señal, rebosa lírica y tarde o temprano - aviso - haré una excursión nocturna y traeré una a casa y la pondré en el salón y seré el más cool.

Me encanta esta señal, rebosa lírica y tarde o temprano - aviso - haré una excursión nocturna y traeré una a casa y la pondré en el salón y seré el más cool.
No estoy seguro de qué me van a deparar las teclas en este momento, no creo que muy lejos. Los sonidos que envuelven mi existencia en este momento son tan monótonos como mi archiconocida biblioteca de iTunes, que reproduce y reproduce sin parar temas conocidos en demasía. A veces, en el pasillo, suenan tacones, a veces es la mujer de Álvarez Cascos y otras veces es Álvarez Cascos. Si miro a la izquierda me doy cuenta de que existen los árboles, el sol, las sombras y el viento, mudos y discretos, susurrando su presencia sin ningún ánimo de perturbarme. La ciudad resuena pero yo no la oigo más allá de lo que quiera imaginar en mi cabeza, que a veces es más de lo que resuena, en realidad. Si miro a la derecha veo negocios, ordenadores, luces, teléfonos móviles y gente más o menos habitual.
No estoy seguro de por qué me he levantado hoy y he tomado el camino del trabajo, montado en un sentimiento de inercia propio de esta época del año, tan montaña rusa. El camino ha sido el mismo de siempre, sin variaciones, lleno de zombies que detestan ir donde van, pero que van, como voy yo, obligados por la forma que tenemos los humanos de caminar hacia la muerte, sin remisión, día tras día.
Dije adios a la enana y me quedé con su imagen en mi retina, mirándome con esa cara que parece de tristeza pero que sólo es su cara, más allá de las ganas que yo tenga de humanizar sus ojos penetrantes. Todos los días me pasa igual, siempre se me queda esa imagen hasta que la vuelvo a ver, rabo en danza con otra mirada igual de triste (ya os dije que es su cara, ella no lo puede evitar) pero más penetrante, más impaciente, más excitada. Me encantaría saber qué pasa en su mundo cuando marcho al mío. Supongo que un sueño relajado y obligatorio es la respuesta más plausible a mis dudas. Qué ganas de verla y enfrascarme en un paseo largo con ella, ser cómplices por un rato mientras hacemos algo que a los dos nos encanta hacer, que los dos disfrutamos y que, seguro, a ella se le hace muchísimo más corto que a mí.
… es un día de esos en los que no mola estar en un despacho, trabajando, sino en un parque, bebiendo cerveza hasta caer realmente borracho en el suelo, disfrutando del sol, taaan de puta madre…
¡¡¡¡Y que llegues pronto, que me muero por verte!!!!!!
En el AVE, a más o menos 265 km/hora. Nos esperan aquí:

Seguiré informando mientras te espero…
El sábado estuvimos en Salamanca, una ciudad que no conocía a pesar de salir en todos los libros de texto y de ser la ciudad universitaria por excelencia. He colgado algunas fotos en flickr, donde aparecemos entre tunos, bocatas, universitarias muy jóvenes y un día espléndido.

La verdad, la ciudad en sí misma no me pareció gran cosa… a lo mejor es que estuvimos poco tiempo, pero me gustó más Cuenca, por ejemplo. Además, hay que hacerse casi 100 kilómetros en carretera de doble sentido, un auténtico infierno en la época de las autovías.
El domingo hay elecciones y ya sabéis lo que nos espera, una batería de noticias, análisis, últimas encuestas, encuestas a pie de urna (a pie de urna!!?? WTF???) y todas esas cosas que rodean a unas elecciones en España (no he vivido elecciones en ningún otro país). Salvo si tienes la mala suerte (o la buena suerte democrática, depende de lo tonto que seas) de que te toque estar a las ocho de la mañana en alguna mesa electoral, la cosa se puede solucionar durmiendo todo el día, no comprando el periódico, no poniendo la TV o poniéndola para ver algún capítulo interesante de alguna serie de moda.
Lo que sí disfruto de las elecciones es cuando empiezan a aparecer los resultados a la hora de cenar. Infografía hortera acude a todas las cadenas de televisión para explicarnos gráficamente el galimatías de escaños, formaciones políticas y la comparación con comicios pretéritos. Y como además me encantan las tertulias políticas, pues puedo pasar la noche del domingo entretenido que no veas.
Espero que salga Zapatero. Espero que Rajoy no dimita después de perder. Espero que IU (que es más izquierda) gane peso. No sé por qué, pero esto último me ha hecho reir. Voy a votar al PSOE, doy asco.
Los hechos acaecieron, más o menos, en tres fases:
1. Llego a un piso compartido donde los compañeros que posteriormente iban a acosarme no se encuentran todavía. César es un gran tipo. Alfonso es un poco gordo, pero no da guerra. Mi habitación es una mierda.
2. Una vez estabilizado en el Piso, Alfonso se va. Cojo su habitación, grande que te cagas, extremadamente exterior y con una conexión de cable de Madritel que hacía que los ojos me hicieran chirivitas. Explosión de felicidad. Llega el de Burgos a sustituir a Alfonso.
2.1. EL DE BURGOS (de nombre ERNESTO)
2.2. EL FEO (de nombre José Emilio)
3. Así las cosas, la convicencia avanzada y retrocedía. Supongo que ellos fueron totalmente ajenos a las orgías de insultos e improperios que, en el atusado rincón denominado “mi habitación” (o “habitación del percha”), nos montábamos mis crueles sicarios violadores de casas y yo.
4. El final del verano, llegó y tú partiras… Pero no fue en verano, fue en navidades. Veréis, tiene su explicación: fue muy duro ver a la prometida de El de Burgos en pijama. Muy duro. Días y días de tortura no_psicotrópica. Así que tomé una decisión. Bien. Me voy. Por fin.
5. En concepto de luz y gas, debo 20 euros. Llamadas, sms estándar, correos electrónicos, más sms estándar. No contesto. Lo confieso, no les quiero pagar. Me han hecho muchísimo daño moral y sentimental como para abonarles tal pernada. Lo reconozco, soy un moroso. Pero, cuando alguien me pregunta ante mi afirmación de que debo 20 euros que a quién se los debo, yo alzo la cabeza y respondo “a un león marino y a un diabético alcohólico”. Todo el mundo me comprende.
6. No quiero hacer mención a la casera. Entendedme, es algo que me produce mucha grima.