Después de que os contara (de aquella manera) la de cosas que podían pasar en tan sólo siete días, pero sin dar ningún detalle, hoy puedo decir, contrato mediante, que una de esas cosas que se fraguó durante aquella semana ya es una realidad. Hemos encontrado una nueva casa, después de un año y medio viviendo en una del siglo pasado que, las cosas como son, nos ha servido para ahorrar el suficiente dinero como para poder afrontar el gasto que conlleva - sobre todo al principio - un alquiler en Madrid sin demasiados quebraderos de cabeza. Realmente puedo decir que la casa que dejamos nos salvó la vida a la vuelta de Amsterdam, tal y como está el patio y viniendo sin trabajo.
Ésta es más grande que ninguna en la que haya vivido anteriormente, portal con portal con una zorra de aúpa, totalmente nueva y a un precio realmente fuera de mercado puesto que es vivienda protegida. Lo cierto es que hemos tenido bastante suerte, nos llamaron después de apuntarnos en una lista de espera hace algunos meses y de tener pocas esperanzas (ninguna, no entraba en nuestros planes) de que se acordaran de nosotros. Pero llamaron y hoy ya es nuestra casa. Ahí va una muestra:

Ahora tenemos que acondicionarla, amueblarla, hacernos a ella como nuestro espacio vital durante los próximos años e intentar que Chula se adapte también lo más rápidamente posible, aunque ya ha demostrado sobradamente en otras ocasiones lo fuerte y adaptable que es. Ahora, además, está empezando vivir con su condición de adulta y estoy seguro de que eso nos va a facilitar mucho las cosas.
Qué bien, pero qué pereza la mudanza… ¿algún voluntario?